MacGyver en una Raspberry Pi
De la curiosidad nacen muchas de las cosas que merecen la pena. Otras nacen de la necesidad. Lo que cuento aquí está en medio de las dos.
Entre tanto «slop» en internet, me di cuenta de que no podía seguir el ritmo de todos los canales de información. Tocaba adaptarse o morir, al más puro estilo Darwin. Madafaka.
Llevo desde principios de agosto metiendo en una carpeta de ficheros de texto todo lo que leo y todo lo que decido. Hoy son 471 notas atómicas, 333 fuentes, 79 síntesis y 7 intercambios. Hace una hora había 470 y una menos, porque el sistema sigue trabajando mientras yo hago otras cosas.
Nada de eso es un producto. Es fontanería y una costumbre.
Antes de la Raspberry Pi, todo esto vivía en un móvil viejo con Termux, que sigue siendo una forma tan buena como cualquier otra de tener un servidor.
Lo que hay montado
El agente es Hermes, corre como servicio de usuario en una Raspberry Pi que tengo en casa, sin root ni contenedores, y le hablo por Telegram desde el móvil 1. Esa es toda la interfaz. No hay panel ni base de datos vectorial.
La wiki es una carpeta de ficheros markdown. La abro en Obsidian en el portátil y la lleva un repositorio de git, así que cada cambio tiene autor y fecha. Cada fichero tiene un tipo. Una idea suelta va a un átomo y lo que viene de fuera, a una fuente. Cuando varias ideas se juntan en una síntesis, escribo una molécula. Los intercambios guardan las conversaciones que acabaron en un criterio.
El agente tiene 152 procedimientos guardados en skills. Unas escriben notas, otras despliegan servicios. Cuando digo que trabaja solo, me refiero a eso: sabe cómo se hace y lo hace con las manos que le he dado.
Y las cifras que más me interesan: 504 commits desde el 4 de agosto, 61 de ellos en lo que va de octubre. Casi ninguno lo he escrito yo.

El bucle
La parte que no es mía la saqué de un vídeo sobre agentes y equipos de agentes 2. Del diagrama no me quedé con nada. Lo que copié fue dónde está el punto de aprobación.
Funciona así. Llega una fuente. Ayer fue un hilo de Twitter con diez proyectos de memoria para agentes; otras veces es un artículo que me manda alguien. El agente la lee, mira qué hay ya en la carpeta, decide dónde encaja, escribe un borrador y me lo devuelve. Yo lo leo. A veces le digo que no. Otras le digo qué cambiar. Y no todos los no son de criterio: el agente es un programa no determinista, hay días que me contesta en chino y tengo que reconducirlo, y otras veces propone algo sencillamente falso, o peligroso de ejecutar.
Si no digo nada, se archiva y se conecta con lo que ya estaba. La curación es esa conversación, no un proceso que corre solo y me avisa al final con un resumen de lo que hizo.
El hilo de los diez proyectos salió de ahí convertido en otra cosa: los repos verificados uno por uno, los ejes que de verdad los separan y un criterio escrito en siete puntos. Eso no es un resumen del hilo. Es lo que quedó después de pelearlo.
Y esto avanza también cuando no estoy delante del escritorio. Habiendo acabado el TFM, seguí añadiendo características a Norn desde la playa: del móvil salían las instrucciones y las aprobaciones, y de casa salían los commits y las notas. El punto de aprobación viaja conmigo.
Tampoco hace falta un proyecto: puedo generar hasta excels, si me diera por ahí.
Lo que se puebla sin mí
Hay ocho tareas programadas. A las siete de la mañana el agente mira los feeds de seguridad, filtra lo que ya está cubierto y escribe el resumen del día. Cada seis horas repasa los enlaces de las notas nuevas y avisa de los que apuntan a nada. Hay otra que busca notas huérfanas dos veces al día, y una que sincroniza la carpeta cada dos horas, por si escribo desde el móvil. A las nueve me deja un digest de lo que se movió en la wiki, y el día uno de cada mes, un resumen del mes. Las dos que faltan no tocan la wiki: una me recuerda los plazos que tengo encima y la otra me avisa si a la placa se le está acabando el disco.
Lo escribo para que se entienda que no es magia: son unas líneas de configuración y un reloj. Y el resumen diario no es conocimiento, es una señal de que algo pasó: los átomos se acumulan sin que nadie los mire y hacerlos valer es trabajo mío, leerlos, tirar la mitad y quedarse con lo que cambia algo. Si no se hace, la carpeta crece y no sirve para nada, que es el modo más cómodo de fracasar con todo esto.
Dónde se forma el criterio
Un resumen se consume en dos minutos y no deja nada. Un criterio se forma discutiéndolo, y por eso las notas que más me sirven son las que guardan el recorrido: la pregunta, la respuesta y en qué quedó.
Y lo que premia este sistema es la constancia. El indexado empieza a ganar potencia cuando lo nuevo colisiona con ideas anteriores y abre caminos donde antes no había ninguno. Es el mejor ejemplo que tengo del concepto «knowledge compounds», conocimiento que se compone en lugar de apilarse.
Si lo que vale es el criterio acumulado, la consecuencia es incómoda: cualquier atajo que me ahorre leer o pensar es una pérdida, aunque sea cómodo. El agente me sirve si me pone delante el material o me discute una respuesta. Si me la da masticada, me está quitando el ejercicio.
Lo que cuesta y lo que no me creo
El coste es real y viene en tres sitios.
El primero es el dinero. Mantener esto en pie cuesta la suscripción de OpenCode Go, diez dólares al mes, y la electricidad 3. La Raspberry no la cuento, ya estaba en casa. Cada tarea que el agente hace gasta tokens, y hay tareas que no valen lo que cuestan: aprendí a mirar la cuota antes de lanzar algo largo, porque una noche de bucle sin supervisión se lleva por delante lo que no gastas en un mes de trabajo. Con un cacharro mejor tendría un modelo corriendo en casa todo el día, pero de momento el mundo no es perfecto.
El segundo es el mantenimiento. Los enlaces se rompen, los nombres de fichero se desincronizan, y una vez el móvil me movió una nota de su carpeta a la raíz del vault sin decir nada. Ese tipo de fallo no lo ve ningún detector automático, porque los enlaces siguen funcionando.
El tercero es el más difícil de ver: la sensación de que algo funciona porque hay muchos ficheros. Un montón de notas no es conocimiento ordenado.
Os he mentido. Hay un cuarto coste que no sale en ninguna factura. Esto habilita tanto que engancha: el sistema no se cansa, le sueltas material y lo cruza, y con todo al alcance de la mano todo se siente posible.
El techo no lo pone la máquina. En este sistema el límite de la comprensión es el cuello de botella: lo que no entiendo se archiva igual que lo que entiendo, ocupa el mismo sitio y no sirve para nada. Hay que saber parar, y muy a mi pesar, el eslabón limitante somos nosotros.
Cierre
Esto es lo que más ha sonado del año, así que el valor no está en asombrarse. Está en mirar por debajo de las interfaces que parecen salidas de Iron Man y del slop de los que venden la moto. Ahí abajo está lo que de verdad funciona: un agente que corre como servicio en una placa, una carpeta de texto en git y una costumbre que es la parte difícil, la de decidir qué entra, aprobar lo que se queda y tirar lo que no.
He montado esto para aprender más rápido, no para escribir menos.
Y con esto vuelvo a lo de siempre, que es lo único que no he conseguido automatizar: elegir qué merece la pena.
Referencias
Hermes Agent · Nous Research ↩︎
Subagents vs Agent Teams? Hermes Bots, Goal Loops & Kanban Graphs · Wanderloots (Callum), 28-sep-2026 ↩︎
OpenCode Go · OpenCode, plan de 10 dólares al mes, consultado el 6-oct-2026 ↩︎